
Ahora, con casi cincuenta y cinco años lo tengo asumido, no voy a ser nada especial para nadie, ni nadie va a intentar darme lo que de verdad necesito porque en el fondo nadie puede suplir las carencias del otro. Así que, esta imagen nocturna, casi sonámbula que se repite constantemente, es algo que ya no me sorprende, me dan las cuatro y las cinco de la mañana y luego intento dormir, a veces incluso veo como amanece a mi espalda, tras la ventana, entonces rápidamente me dirijo a la habitación y me envuelvo entre las sábanas intentando que el sonido desordenado que procede todas las mañanas desde la calle no me atrape.
Esta noche he visto de nuevo "Atlantic City", es una película que me tiene hechizado, la he visto cientos de veces y me sé el desarrollo casi milimétrico de cada escena, pero siempre hay algo que me sorprende: la mirada de Burt Lancaster, esa mirada caída que sin embargo a veces parece que se llena de esperanza, son ojos marcados por las arrugas, tan profundos que no hace falta que te cuenten nada para sentir que en el fondo ese hombre también está sufriendo.
A veces, cuando termino de ver la película y mientras aparecen los títulos de crédito, consigo anular mi pereza y me dirijo hacia el baño. Entonces choco mi rostro con el espejo, dejo por unos instantes que este se enfrente con todas sus modificaciones, que se enfrente con su infancia, con su perdida juventud, con su presente, y entonces veo mis ojos y no parecen ser ya los míos, son los ojos y la mirada de Burt Lancaster en "Atlantic City". Atuso mi gastado cabello hacia atrás, frunzo mis labios y dejo luego que estos se humedezcan con mi saliva; estudio mis orejas, mi nariz, los pelos de las cejas..., después dejo que el agua helada salga libremente por el grifo, y de la misma forma dejo que esta golpee mi nuca y que se deslice por mi cuello hasta notar que corta literalmente mi cabeza.