
Por aquellos años, los escritores con los que compartía noches de insomnio voluntario y escuchas radiofónicas nocturnas eran Bukowski, Kafka, Raymond Carver, Boris Vian...etc, recuerdo además saldar mi deuda con una colección de clásicos del terror que había ido coleccionando años atrás, y el placer de sentarme en la hierba del Retiro y empaparme en un par de sentadas "La Insoportable Levedad del Ser" (¡Qué gran título!) y "Los Renglones Torcidos de Dios". Pero además de los libros y el cine, mi medicación para desconectarme del mundo y enfrentar mis sueños con la vida real siempre ha sido a través de la música, del rock como fuente de resistencia y supervivencia, y ahí estaban también en mi cabeza sus grandes letristas: Bob Dylan, Lou Reed, Neil Young, Tom Waits...etc, y como no, Bruce Springsteen, del que me atreví a extraer el título de la novela de unas de sus canciones a modo de pequeño homenaje por su compañía y mi admiración, una novela que un principio había titulado "La Sangre en Silencio". Y por supuesto también estaba Van Morrison que, musicalmente me llevó a recrear parajes al ritmo de su música dejando que el tiempo pasara y la novela avanzara con todas sus contradicciones como si fuese la vida misma la que la estuviera dirigiendo, y como si los personajes tomaran aquel mundo ficticio como algo real hasta controlar su propio destino.